Con Sede en Sevilla, la cuna del Flamenco

Ballet Flamenco de Barcelona

Ballet Flamenco de Barcelona fusiona tres estilos de baile con los que estamos muy familiarizados: el jazz, la danza contemporánea y, por supuesto, el flamenco. La integración de los tres da como resultado una presencia completamente innovadora encima del escenario y genera una tensión tan eléctrica, con el sonido metálico del taconeo de los bailaores que se queda en nuestros oídos, que nos deja preguntándonos: ¿Qué significa entrar en un “tiempo nuevo” en esta producción?

“Tiempo nuevo” en el Ballet Flamenco de Barcelona se puede interpretar como una reconstrucción. Los bailaores reconstruyen constantemente los ambientes que crean en el escenario. Realizan un movimiento o un ritmo repetitivo y vigoroso, y entonces lo rompen, parando de repente, rompiendo el orden establecido, y después empiezan otra vez, con un movimiento nuevo, con un ritmo nuevo. De esta manera, el ritmo entra en un “tiempo nuevo” y la dinámica de la actuación se renueva constantemente, manteniéndose fresca y viva. El paso de los derroches de pasión a los momentos de intimidad hace que la producción esté en constante cambio, en un proceso de reinvención.

También se puede ver a los artistas entrando en un “tiempo nuevo” a través del descubrimiento y la reivindicación del flamenco. En un primer momento, la ropa formal y ajustada les limita y les frena, no pueden moverse libremente y sus movimientos son rígidos. Sin embargo, a medida que la música crece, los artistas encuentran la armonía entre esta y su cuerpo, como si el flamenco les hubiera ayudado a redescubrir una parte de sí mismos, una parte nueva que han podido liberar.

Además, el Ballet Flamenco de Barcelona hace que la relación entre los artistas y el público se regenere o entre en un “tiempo nuevo”. Debido a la reticencia inicial, los límites entre el artista y el espectador son fijos y están establecidos. De esta manera, el público es consciente de que está viendo una actuación preparada. Sin embargo, a medida que la actuación y el espíritu se van liberando, los bailaores y los músicos entablan un diálogo más fuerte con el público, comportándose de manera más despreocupada con este. Es como si la personalidad natural del artista pudiera salir a la luz, libre de cualquier máscara artística distintiva. Gracias a esto, el público responde a los artistas consecuentemente y se compromete con sus movimientos y con lo que expresan. Los artistas no son los únicos que entrarían en un tiempo nuevo, sino que los espectadores también podrían sentirse renovados.

El majestuoso Ballet Flamenco de Barcelona tiene una apariencia simbólica, casi expresionista, que se refleja en el uso tan sugerente que se hace del color. Los momentos más tranquilos, en los que actúa un solo bailaor, se iluminan con luces azules que representan la soledad y reflejan la paz que el artista encuentra en sí mismo. En momentos de tensión, el escenario está oscuro, iluminado con un solo foco de luz, y se utiliza humo para añadir intensidad. Aún más relevantes son los efectos dramáticos creados a través de las luces rojas, que generan una sensación de rareza, peculiaridad o misterio. El color rojo encierra un gran número de significados y símbolos: peligro, pasión, miedo, dolor, sangre…todos ellos características de España como país y de la identidad española. Así, el Ballet Flamenco de Barcelona no es solo un espectáculo de baile, sino toda una obra de arte.

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